¡Ni hablar! No me sacrifiqué para “ésto”. Años de preparación, décadas de confinamiento, siglos de espera y todo para una imbecilidad.
NO. N-O. ¿Te enteras?. Me niego.
Acepté esta profesión para levantar palacios de marfil en una sola noche, bajar estrellas de los cielos, torcer la voluntad de la Muerte y convertir el carbón en diamantes. Ese era mi fin al dejarme encerrar en una botella bajo el sello de Suleyman. Quería hacer de la Tierra un lugar más hermoso, lleno de mágia, donde fuese posible todo aquello que alguien pudiese soñar.
Así que lo dicho: ni hablar. No pienso desperdiciar mis poderes de ifrit en alargarte el pene. Ya puedes ir cerrando la puta botella y enterrandome otra vez en la arena.


¡Ayss!, ¡he aquí la importancia de las cosas pequeñas!
Di que sí
Hasta todo un genio de la botella puede sentirse frustrado
¡A ver si escribes más a menudo!
Te invito a leer mi cuento de Navidad.
Felices fiestas