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Posts Tagged ‘amor’

Romance al 50%

Hubiese sido hermoso besarte. Uno de esos momentos inesperados que hacen que todo -por un microsegundo- brille como en las tontas  películas rosas que ambos vimos por separado en nuestra adolescencia. Un fugaz huracán en el vaso de tintorro peleón de la realidad.

Quizás ese beso hubiera cambiado nuestras vidas: lo habríamos dejado todo por correr vestidos en playas nudistas o desnudos en playas textiles (porque lo importante, amor, es que amamos para sentirnos únicos y especiales ante el resto). Nos habríamos quedado sin palabras, o tal vez hubieramos dado con todas ellas de golpe, teniendo la certeza visionaria de cómo ordenarlas para componer los supremos versos bobos, que solo los enamorados como burros son capaces de soplar por casualidad.

Pero habremos de quedarnos con las ganas. Esperar que en un paralelo universo cuántico , nuestros labios mordiesen la carne del otro con la dulzura del canibal. Decidiste bajarte en la quinta planta, sección de Oportunidades. (Mira que me lo digo todos los días cuando me afeito: <<no te enamores en los ascensores de los grandes almacenes>> . Pero,  como todas las cosas que hacen daño,  con el tiempo ésto se ha convertido en un vicio).

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vuelve1Para que no puedas volver y encontrarme, me mudé al campo (en mitad del monte, donde duermo rodeado de grillos. Su canto siempre te crispó los nervios). Para  que no puedas llamarme, no instalé teléfono y busqué de manera concienzuda un lugar libre de cobertura para los móviles. Para que no pudieses llegar, cambié todos los carteles de dirección que llevan hasta este sitio. Incluso he cavado una zanja alrededor de la casa; y solo alimento los días impares a mis perros guardianes (lo sé, tienes miedo a los perros).

Pero, por si un día te da por volver, suelo fumigar el jardín (ya casi no quedan grillos, y menos en esta época del año). Todos los días bajo al pueblo a preguntarle al cartero si has mandado algo para mí (dejé mi nueva dirección, de forma deliberadamente descuidada, sobre la mesita de la entrada de nuestro antiguo piso). Me paro a hablar largo y tendido, de cualquier estupidez, con cada excursionista que me encuentro por los senderos (tengo que asegurarme que me han visto bien la cara y que podrían identificarme si preguntas por mi descripción a alguno de ellos).  Y, por si llega un día en que te diera por volver, quiero que sepas que siempre pongo un puente de tablas sobre la zanja que rodea mi casa (está en la parte trasera, junto a la alberca).

Ah, y ante todo, recuerda esto si tienes la necesidad de volver: hazlo en día par.

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pistolaElla susurró: <<Dime que me quieres>>.

Él se mordió los labios y apretó el gatillo.

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frankensteinBajo una lluvia sucia, El Vampiro conoció a Frankenstein. Él estaba tirado en la acera de la calle de Goya, mientras tres skins le machacaban las costillas. Lo atacaron como lobos, surgiendo de la oscuridad con sus mandíbulas babeando cerveza e insultos. Antes de que pudiese echar a correr lo derribaron rompiéndole una botella en la cabeza. Entre relámpagos de dolor, solo esperaba que terminasen de vomitar sobre él toda ira que llevaban en sus entrañas por la derrota del Real Madrid, y que se fuesen, dejándolo allí para ser devorado por las sombras.

Pero la Luna, alcahueta de  monstruos, quiso que Franky pasase por allí. Había acabado un trabajo en casa de un cliente y volvía a su puesto en la calle Montera. Podía haber cambiado de acera, dado la vuelta o, como el resto de la ciudad,  ignorar lo que estaba ocurriendo. En lugar de eso, sin saber muy bien porqué, fue directa hacia la manada de neonazis y, jugando la baza de la sorpresa, irrumpió entre ellos con su zapato de plataforma como arma. Dos cayeron a los primeros golpes.  El tercero huyó aullando venganza.

Franky ayudó al Vampiro a incorporarse, le secó la sangre de la boca y acarició con ternura su pegajosa melena. Se reconocieron al instante. No tuvieron nada que decir. Franky agarró al Vampiro por debajo del brazo, paró un oportuno taxi y se lo llevó a su piso de El Pozo. Allí le dejó darse una ducha mientras calentaba una sopa con sabor a prisa. Abrió una botella de un vino apátrida y le dejó un hueco en su sofá de plástico rosa. Al rato, el Vampiro dormitaba sobre el enorme regazo  de la Frankenstein de La Chana. Así la llamaban las compañeras de oficio por los estragos, que ya comenzaban a ser visibles, de su adicción a las inyecciones de silicona.

Cuando El Vampiro se despertó, se amaron en silencio hasta el alba, con la desesperación de aquellos que se saben sin lugar en el mundo a la luz del día.

Gracias a Ángel (palabras), que hizo un hueco en su novela-blog para ayudarme a sacar adelante este pequeño relato.

Anteriores capítulos de esta serie:

I: El Vampiro en su rincón

II: El Vampiro y La Bibliotecaria

III: El Vampiro y el Cazador

También puedes seguir esta serie de relatos en “Sevilla Escribe”


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Sansón y Dalila

-Rápame. Al cero.

-Pero…

-Si de verdad me quieres, déjame como una bola de billar.

-Amor, ya no seras tú.

-Precisamente por eso. Quiero dejar de ser yo, ser otro. Totalmente nuevo, alguien que sólo te pertenezca a ti.

Dalila, con ojos vidriosos, comenzó a pelar a Sansón en el cuarto de baño. Zumbaba la maquinilla como un enjambre de avispas venenosas. A cada mata de pelo que veía caer de su gran cabezota a través a del espejo, se sentía más libre. Cuando Dalila acabó, el suelo estaba invadido por peludos monstruos negros. Entre ellos yacía aquello que él consideraba su maldición.

Sansón se abrazó a ella, sin sospechar que seis pisos más abajo, en el portal, los filisteos amartillaban las pistolas y llamaban al ascensor.

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Teruel. Joven promesa de la poesía muere ahogada en Mar de Lágrimas tras la ruptura sentimental con su pareja, marino de profesión.

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Del amor y los peces

El amor es cosa de peces. Ellos saben lo que es vivir lleno de espinas… Y morir por la boca.

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