Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘fantasía’

– ¡Déjeme pasar! Le vuelvo a decir que soy el Espíritu de las Navidades Presentes. Por el amor de Dios, ¿pero es que no saben quien soy?

– Sí, un mamarracho vestido con guiraldas, pingajos de muerdago y que huele a anís a un kilómetro. ¡Fuera!

– ¡Esto es un ultraje! ¡Ninguno de mis 2009 hermanos anteriores fue tratado así!

– Mira, chato. No tengo ni idea de qué manicomio os habéis escapado tú y el gordo risón ese del saco y su reno borracho, los tres putos integristas de los camellos de ahí detrás y esa familia palestina de indigentes que dicen pedir asilo político. Te he dicho que mientras yo esté en la puerta de estos grandes almacenes, no pasa ni un solo puto friki de los de tu ralea. ¿Te ha quedado claro? Y ahora: ¡Iros todos a tomar por saco! Que hace un frío que pela para estar aquí tocando los huevos y espantando a los clientes respetables. ¡Ála! Que como saque la porra no respondo de mí…

Read Full Post »

¡Ni hablar! No me sacrifiqué para “ésto”. Años de preparación, décadas de confinamiento, siglos de espera y todo para una imbecilidad.

NO. N-O. ¿Te enteras?. Me niego.

Acepté esta profesión para levantar palacios de marfil en una sola noche, bajar estrellas de los cielos,  torcer la voluntad de la Muerte y convertir el carbón en diamantes. Ese era mi fin al dejarme encerrar en una botella bajo el sello de Suleyman.  Quería hacer de la Tierra un lugar más hermoso, lleno de mágia, donde fuese posible todo aquello que alguien pudiese soñar.

Así que lo dicho: ni hablar. No pienso desperdiciar mis poderes de ifrit en alargarte el pene. Ya puedes ir cerrando la puta botella y enterrandome otra vez en la arena.

Read Full Post »

playa1En una isla cuyas mareas no eran para inexpertos marinos, ni aún para curtidos veraneantes, vivía una loca en una choza blanca junto a la playa. Todas las mañanas, durante la bajamar, se pasaba las horas escribiendo en la arena. A veces, dibujaba garabatos sin sentido, otras trazaba grafías en supuestos idiomas inventados; las menos veces,  trazaba palabras desordenadas y naufragas, como  recuerdos de vidas pasadas: mezquita, olivo, río y noche. Cuando el mar reclamaba su imperio, devoraba su labor con un paño sucio de espuma.

Esta loca era un caso perdido.

Fue una lástima que la mar, por despiste o crueldad, nunca devolviese a su playa ninguna de sus palabras.

Aunque yo  tengo la certeza de que, en otras calas de ínsulas distantes, cada mañana hubo marinos de torsos desnudos que descubrían, en la arena mojada que dejan las aguas, dibujos que les hablaban en silencio de ideas que nada significan en su mundo salobre: mezquita, olivo, río y noche.

A Guada

Read Full Post »

-Hay que cortar…

-¡No!

-¡Y por lo sano!

-Joder, no me hagas esto

-Es por tu bien. Lo sabes.

-¡Pero es mi hija! ¡Mi niña! No puedo…

-¡Déjate de gilipolleces!- El Editor pegó un golpe en la mesa, haciendo saltar por los aires el gris retrato de su padre, fundador y guía (aún más allá de la tumba) de la empresa. De inmediato reparó la blasfemia, devolviendo la dignidad a la imagen del venerado progenitor, mientras que el Autor seguía retorciéndose de dolor en la silla y gimoteaba sin cesar.

-Mira, hijo.- El Editor cambió el tono. Inspiración paternal. Salió de la ciudadela de la mesa del despacho y se situó entre al Autor, que se encogió en el asiento ante su masiva presencia.- La novela es buena.

-Si es buena no le puede sobrar nada-

-Te equivocas. Esa es la diferencia entre tu trabajo y el mío. El tuyo es crear, hacer crecer una idea. Como sacar un árbol de un mondadientes. El mío es vigilar que el árbol que hagas no sea un jodido baobab. A mí me toca la parte ingrata. ¡Y encima te pago por hacerte yo esa labor! Definitivamente, me dedico a esto por amor a mi padre. Este negocio no tiene sentido.

– Pero…

-Ni peros, ni nada. La novela es buena. Te lo digo yo, que de esto sé un rato. Si mi padre estuviese aquí, te diría lo mismo: chico, ese material es de primera, pero le sobran, como mínimo, veinte mil palabras, cuarenta y siete personajes, ciento dos notas a pie de página. Ah, y la mitad del prólogo. Eso te diría El Viejo. Él te quitaría también el Epílogo de un plumazo. Yo soy un blando; con que solo me lo dejes en mil quinientas palabras, pasa.

Al escuchar las cifras, el Autor sintió arcadas. Apenas se contuvo tapándose la boca con ambas manos.

-Si no te ves capaz de pulir tu obra, no te preocupes. Tengo a una correctora perfecta para este trabajo: María Sierra.

El escuchar aquel nombre maldito, hizo que una gota de sudor helado se recorriese la columna vertebral.

“La Moto-Sierra” no mutilará mi obra. No. Jamás. Prefiero hacerlo yo.

-Mejor. Para ti y para mí. Venga, toma el borrador y tráemelo en cuanto lo tengas. No hay prisa. A tu ritmo. Pero sería estupendo que estuviese en quince días. Si es menos, mejor.- cogió el teléfono, guiñó un ojo y dio la reunión por acabada.

El Autor, arrastrando una novela diagnosticada de hidropesía, dejó al editor hablando de paddel. Se alejó de la selva de torres de cristal que nacían en el centro de la ciudad. Volvió a su piso en metro. Antes de subir, pasó por la tienda de la esquina; ante la perenne sonrisa del chino que la regentaba, plantó seis botellas de vino de La Rioja, pan de molde y unas tijeras grandes. Así pertrechado, se encerró junto a un gato de angora.

Con la paciencia de un jardinero inglés fue recortando, frase a frase, párrafo a párrafo, todo aquello que parecía desechable en la historia. Luego, volvía a componer las páginas mutiladas con celofán. De tanto en tanto, hacía una pausa en su labor y recogía con cuidado los fragmentos y retales de su obra, colocándolos en bandejas, cuencos y ensaladeras. A la noche, los tomaba para preparar sándwiches de palabras desterradas, bien aderezados, según le dictase el capricho, con salsa mayonesa o tártara. El Rioja ayudaba la digestión y paliaba la culpa de parricida fagocitador.

En trece días la tarea estuvo completada. Un número horrible para un acto ominoso. Se presentó ante el Editor con una suerte de libro a medio devorar, con capítulos llenos de muñones y párrafos remendados como un soldado en una trinchera. Pero lo que más espantó a todos los seres vivos que lo vieron aquella mañana treceava, empezando por su gato de angora, siguiendo por los anónimos compañeros de metro y terminando por los empleados de la editorial, no fue el penoso estado del manuscrito, sino el estrago que la dieta infame de carroña literaria había provocado en el infeliz Autor: por toda su piel, entre pliegues, manchas y bellos, habían brotado por miríadas unas peculiares pecas parduscas. Si se superaba la comprensible reacción de repelús ante esa innatural presencia, podía identificarse en cada una el perfecto grafema de una Times New Roman, tamaño ocho. A través de ellas, los pasajes y personajes condenados al olvido eterno de aquella novela, gritaban su existencia al universo.

Read Full Post »

Los hijos de Ícaro

La Estirpe de los Voladores acaso era una anomalía: un capricho genético o un castigo de los dioses. Fueron exterminados en toda la isla. Un acto cruel, pero necesario. Eso se dijo entonces. También ahora, cuando se abate alguno mientras planea sobre los acantilados.

Nadie sabe de dónde salen. Hay quien dice que son una plaga: aberraciones, que dan asco.

A mí no me dan asco.

Yo sueño con ser una anomalía, que mis genes se vuelvan caprichosos o que los dioses me castiguen. Me gustaría ser uno de ellos, intentar huír más allá de las tormentas que nos rodean, dejar atrás los templos y las huertas. Flotar sobre el aire, atravesar las nubes, buscar la luz pura del Sol.

Sé que eso nunca pasará. Mis pies jamás escaparán de la gravedad, no se llenarán de plumas mis brazos.

Por eso les doy caza.

Read Full Post »

El secreto de las sombras

Las sombras son alienígenas, seres exiliados del Sol. Vinieron a nuestro planeta hace millones de años, donde sobrevivieron en simbiosis con sus jurásicos habitantes.

A pesar de los eones pasados, de ser más antiguas que algunas especies como la nuestra, siguen sintiéndose extranjeras. Ahora, como entonces, se reunen cada noche en esquinas, caminos y grutas para soñar con un tiempo eternamente porvenir, en el que conseguirán reclamar lo que es suyo, ocupando el lugar que les corresponde por derecho en el cosmos, llegando a ser independientes, libres de nuevo.

Read Full Post »

El joven Príncipe tomó una rosa al azar de entre los adornos del banquete. A su alrededor los sirvientes, atareados como hormigas, iban componiendo el decorado para la fiesta de cumpleaños del rey. El Mayordomo, un viejo eunuco armenio, daba ordenes con su voz chillona, como un general a sus tropas, para hacer desfilar con gracia cósmica aquel caos de sedas, flores, bailarinas, divanes, malabaristas, mesas, magos y bandejas bruñidas.

Buscando el lugar de la cita dentro de los cármenes donde iba a celebrarse el evento, el Príncipe -blandiendo la rosa como una espada contra un rival invisible- se internó en el dédalo de setos y jazmines trepadores. En una umbría fuente, a la hora convenida, lo esperaba el Poeta.

– Deseo una elegía. Unas palabras para la muerte de mi padre. Ha de ser grandiosa. Digna de aquel que me ha engendrado

-Pero, mi señor, vuestro padre (las bendiciones sean con él) está vivo y goza de buena salud.

-Nunca se sabe cuándo y dónde te espera el Ángel de la Muerte… -aspiró el tenue aroma de la rosa, y la tiró a los pies del Poeta como única promesa de pago.

Se alejó de allí, ignorando la mirada -que iba pasando de la extrañeza al terror- del Poeta. Su mente solo podía pensar en los ojos del Gran Visir, brillando como ascuas en la oscuridad de la habitación de una posada perdida, mientras le relataba los detalles del plan, a la par que le mostraba el pequeño frasco de cristal que había mandado traer del otro lado de la Ruta de las Especias. Él mismo -esa noche, durante la larga cena- untaría aquel veneno en los labios de la favorita de su padre. Ella sería la daga (asesina y suicida a un tiempo), para cometer el magnicidio.

Al alba, todo sería suyo al fin. Como pago por el poder, solo habría de sacrificar una amante y leer con voz quebrada durante el funeral, ante las familias nobles y los generales mercenarios, la sentida elegía que acababa de encargar . Él haría su papel de amante hijo por última vez, mientras enterraban al viejo rey en la Historia.

Read Full Post »

Older Posts »