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Posts Tagged ‘guerra’

reyes-magosEn una encrucijada del infinito fueron a encontrarse los Tres Reyes Magos de Oriente y los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Cansados de sus respectivas monturas, improvisaron un caravasar uniendo sus tiendas. Al amor del vino de palmera, narraron miserias de eternos caminantes y el hastío de sus destinos. Al cabo, decidieron intercambiar sus rutas y funciones, buscando en la novedad un hálito de ilusión para sus grises inmortalidades.

Aquella epifanía, las tierras en guerra recibieron oro para gastarlo en nuevas y mejores armas, incienso para santificar sus causas y mirra para ungir a sus generales y héroes caídos. Mientras, los niños y niñas del mundo recibieron los dones de la Guerra, la Peste, el Hambre y la Muerte.

Hubo de gustarles la experiencia, ya que desde entonces los Tres Reyes Magos y los Cuatro Jinetes siguen dedicándose con ahínco a sus nuevos oficios.

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Quatermaintown. Ha estallado la paz en la República Africana de Ignosiland. Las facciones enfrentadas de leales al gobierno, revolucionarios, independentistas de la región de Umbopa, militares golpistas y rebeldes cismáticos de la revolución, llegan a un acuerdo para poner fin a las hostilidades y comenzar la reconstrucción del país. La Comunidad Internacional expresa su más enérgica repulsa ante este acto. El Consejo de Seguridad de la ONU debate el establecimiento de sanciones. La OTAN no descarta mandar un contingente de tropas para devolver la situación a la normalidad.

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El Grito de aquella mujer rompió la ropa tendida en la calle. Conmovió  las paredes de adobe de la aldea, reverberó en los desiertos hasta llenar el silencio global desde las Fosa de las Marianas hasta el santuario celestial del Hubble. Solo duró un instante. Fue inmediatamente engullido por el ruido de los cláxones y el burbujeo de las freidoras en las hamburgueserías.

Sin embargo, aquel grito logró salvarse de la verdadera muerte de las ondas sónicas: el olvido. Encontró un refugio en los tímpanos del Soldado. Allí se instaló como un parásito, acompañándolo en el regreso a casa, durante la boda, mientras hacía el amor con su mujer o follaba con las putas del muelle, en el parto de sus hijas, cada vez que cortaba el césped del jardín, siempre que miraba el mundo a través del culo de una botella, a la par que firmaba los papeles del divorcio y en los últimos gránulos de coca cuando esnifaba.

Una mañana de domingo, decidió sacarse aquel Grito invisible y ensordecedor de sus oídos. Tomó un rifle de asalto (el favorito) y fue hasta la iglesia del barrio. Estaba decidido a exigirle a Dios que calmase la rabia, aún viva en su cabeza, de aquella víctima del Deber.

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