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Posts Tagged ‘muerte’

pistolaElla susurró: <<Dime que me quieres>>.

Él se mordió los labios y apretó el gatillo.

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Malos tiempos

El Broker, melancólico y arruinado, mira su hot dog en la esquina de la Fifth Avenue con la 57. La mostaza no sabe a mostaza, la salchicha tiene un regusto rancio. Levanta la mirada: La Gran Manzana presume de halitosis a través de los respiradores del metro y para celebrarlo, organiza una cacofonía sinfónica que cláxones en fa menor.

El Broker suspira.

Cierra los ojos.

Se arroja al torrente del tráfico, con el hot dog aún en la mano.

Un ágil yellow cup lo esquiva, provocando un choque múltiple. Gritos, sirenas, confusión.

El Broker, sentando en el asfalto, mancha de lágrimas el traje de Armani mientras piensa:

– Definitivamente, cuando hay crisis, todo sale mal.

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El joven Príncipe tomó una rosa al azar de entre los adornos del banquete. A su alrededor los sirvientes, atareados como hormigas, iban componiendo el decorado para la fiesta de cumpleaños del rey. El Mayordomo, un viejo eunuco armenio, daba ordenes con su voz chillona, como un general a sus tropas, para hacer desfilar con gracia cósmica aquel caos de sedas, flores, bailarinas, divanes, malabaristas, mesas, magos y bandejas bruñidas.

Buscando el lugar de la cita dentro de los cármenes donde iba a celebrarse el evento, el Príncipe -blandiendo la rosa como una espada contra un rival invisible- se internó en el dédalo de setos y jazmines trepadores. En una umbría fuente, a la hora convenida, lo esperaba el Poeta.

– Deseo una elegía. Unas palabras para la muerte de mi padre. Ha de ser grandiosa. Digna de aquel que me ha engendrado

-Pero, mi señor, vuestro padre (las bendiciones sean con él) está vivo y goza de buena salud.

-Nunca se sabe cuándo y dónde te espera el Ángel de la Muerte… -aspiró el tenue aroma de la rosa, y la tiró a los pies del Poeta como única promesa de pago.

Se alejó de allí, ignorando la mirada -que iba pasando de la extrañeza al terror- del Poeta. Su mente solo podía pensar en los ojos del Gran Visir, brillando como ascuas en la oscuridad de la habitación de una posada perdida, mientras le relataba los detalles del plan, a la par que le mostraba el pequeño frasco de cristal que había mandado traer del otro lado de la Ruta de las Especias. Él mismo -esa noche, durante la larga cena- untaría aquel veneno en los labios de la favorita de su padre. Ella sería la daga (asesina y suicida a un tiempo), para cometer el magnicidio.

Al alba, todo sería suyo al fin. Como pago por el poder, solo habría de sacrificar una amante y leer con voz quebrada durante el funeral, ante las familias nobles y los generales mercenarios, la sentida elegía que acababa de encargar . Él haría su papel de amante hijo por última vez, mientras enterraban al viejo rey en la Historia.

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Ocurrió a las 14:45 pm, en pleno Picadilly Circus. El último de ellos murió, anónimo. El mundo siguió girando, a pesar de que la magia se extinguió con su estirpe.

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Polvo somos..

-Polvo somos y en polvo nos convertimos- dije para sorpresa de mis compañeros de mesa -y de mí mismo- mientras saboreaba el humeante pescado en la terraza junto al río.

… Si quieres saber cómo sigue este microrelato, sigue este link.

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Solo lo hiciste un momento;

Mas quedaste, como en piedra,

Haciéndolo para siempre


Juan Ramón Jiménez

Solo lo hiciste un momento, pero mereció la pena. Después de que mataran al Ché, que Fidel se volviese un dictador senil y que el subcomandante Marcos se nos olvidase con sus indios en Chiapas, el mundo se había quedado sin rebeldes contra la globalización liberal y la cruzada del hombre contra el sistema había sido dada por finada de inanición. Solo tú, en tu instante de heroísmo, tomaste el estandarte caído y pisoteado de los desheredados de la Tierra. Ese compact que te escondías en tu anorac de mercadillo, mangado al mismísimo Corte Inglés, era el simbólico embrión de La Revolución.

Mas quedaste, como en piedra, mirándome incrédula. Aquel era uno de esos segundos en los que el Amor jugaba a ser funambulista, tambaleándose entre la continuidad y el negro abismo. Dudé, y lo supiste al instante: no pude escapar de la Verdad, tan enemiga Felicidad que ante mis palabras estallaba en pedazos. Lo admití: Si, yo he sido el del peo.

Haciéndolo para siempre-. Eso le dije al dependiente. No se me ocurrió nada mejor para la lápida, pero era lo único adecuado que me vino a la mente al pensar en él. Lo conocía de tan poco. Era el primer amante que se me moría en la cama, y decidí que sería el último. A partir de ese momento, me negué enrollarme con ninguno de mis compañeros, decidí solo tirarle los tejos a los enfermeros. Los despechados del asilo me dicen que estoy loca, pero yo sostengo lo que siempre me dijo mi madre “quien tuvo, retuvo”; además, que yo ya no tengo en corazón para otro disgusto.

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Nacimiento

Nacer es una Muerte que tiene toda la Vida por delante

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