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Posts Tagged ‘realidad’

Romance al 50%

Hubiese sido hermoso besarte. Uno de esos momentos inesperados que hacen que todo -por un microsegundo- brille como en las tontas  películas rosas que ambos vimos por separado en nuestra adolescencia. Un fugaz huracán en el vaso de tintorro peleón de la realidad.

Quizás ese beso hubiera cambiado nuestras vidas: lo habríamos dejado todo por correr vestidos en playas nudistas o desnudos en playas textiles (porque lo importante, amor, es que amamos para sentirnos únicos y especiales ante el resto). Nos habríamos quedado sin palabras, o tal vez hubieramos dado con todas ellas de golpe, teniendo la certeza visionaria de cómo ordenarlas para componer los supremos versos bobos, que solo los enamorados como burros son capaces de soplar por casualidad.

Pero habremos de quedarnos con las ganas. Esperar que en un paralelo universo cuántico , nuestros labios mordiesen la carne del otro con la dulzura del canibal. Decidiste bajarte en la quinta planta, sección de Oportunidades. (Mira que me lo digo todos los días cuando me afeito: <<no te enamores en los ascensores de los grandes almacenes>> . Pero,  como todas las cosas que hacen daño,  con el tiempo ésto se ha convertido en un vicio).

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Tras realizar el experimento empírico de dejar caer al vacío un vaso de Durelex desde una altura de tres metros sobre el nivel del mar, elaboré una hipótesis. Para corroborarla, repetí la experiencia con una docena de vasos del mismo material, teniendo mucho cuidado de que ninguna variable externa a la gravedad alterase la precipitación y destrucción por fragmentación múltiple ocurrida en el caso uno. Finalmente, pude elaborar la siguiente síntesis: los sueños están hechos de Duralex, porque al romperse, lo hacen en cientos de trozos, que salen disparados en cualquier dirección, escondiéndose en la oscuridad, saliendo solo de ella cada cierto tiempo -a ser posible, en el momento más inoportuno-, para recordarnos con su inesperada presencia que una vez formaron parte de un todo que ya no es nada, aunque con la voluntad numantina de resistirse al olvido total o la muerte por asco.

Por tanto, despreciad los cristales de Bohemia o las copas del IKEA: bebed en vasos de Duralex – brindad en ellos con caldos de Jerez, Rioja o Borgoña-, porque estos humildes vidrios son la esencia inmortal de nuestros anhelos.

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reyes-magosEn una encrucijada del infinito fueron a encontrarse los Tres Reyes Magos de Oriente y los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Cansados de sus respectivas monturas, improvisaron un caravasar uniendo sus tiendas. Al amor del vino de palmera, narraron miserias de eternos caminantes y el hastío de sus destinos. Al cabo, decidieron intercambiar sus rutas y funciones, buscando en la novedad un hálito de ilusión para sus grises inmortalidades.

Aquella epifanía, las tierras en guerra recibieron oro para gastarlo en nuevas y mejores armas, incienso para santificar sus causas y mirra para ungir a sus generales y héroes caídos. Mientras, los niños y niñas del mundo recibieron los dones de la Guerra, la Peste, el Hambre y la Muerte.

Hubo de gustarles la experiencia, ya que desde entonces los Tres Reyes Magos y los Cuatro Jinetes siguen dedicándose con ahínco a sus nuevos oficios.

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Malos tiempos

El Broker, melancólico y arruinado, mira su hot dog en la esquina de la Fifth Avenue con la 57. La mostaza no sabe a mostaza, la salchicha tiene un regusto rancio. Levanta la mirada: La Gran Manzana presume de halitosis a través de los respiradores del metro y para celebrarlo, organiza una cacofonía sinfónica que cláxones en fa menor.

El Broker suspira.

Cierra los ojos.

Se arroja al torrente del tráfico, con el hot dog aún en la mano.

Un ágil yellow cup lo esquiva, provocando un choque múltiple. Gritos, sirenas, confusión.

El Broker, sentando en el asfalto, mancha de lágrimas el traje de Armani mientras piensa:

– Definitivamente, cuando hay crisis, todo sale mal.

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Quatermaintown. Ha estallado la paz en la República Africana de Ignosiland. Las facciones enfrentadas de leales al gobierno, revolucionarios, independentistas de la región de Umbopa, militares golpistas y rebeldes cismáticos de la revolución, llegan a un acuerdo para poner fin a las hostilidades y comenzar la reconstrucción del país. La Comunidad Internacional expresa su más enérgica repulsa ante este acto. El Consejo de Seguridad de la ONU debate el establecimiento de sanciones. La OTAN no descarta mandar un contingente de tropas para devolver la situación a la normalidad.

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El profesor Grashov dejó de existir durante siete años, seis meses, una semana y dos días. En ese tiempo fue solo un número, del cual colgaban dos brazos para trabajar.

Aquellos que lo conocieron como preso y lograron sobrevivir a las purgas de El Régimen, dicen de él que a pesar de ser arrancado del mundo a golpes, torturado en sótanos rezumantes de dolor y ver reducida la humanidad a un saco de huesos macilentos, no perdió ni por un instante un peculiar brillo en los ojos, una chispa de dignidad e inteligencia que se resistía a morir ante el vendaval de la brutalidad. Fue un ejemplo para muchos. Un faro en la noche perpetua de los Campos de Reeducación.

Años más tarde, tras sus multitudinarias conferencias o en las recepciones de las embajadas, no faltaban periodistas y curiosos que abordaban el tema de su disidencia y la larga estancia en prisión, para acabar preguntando por el secreto de aquella legendaria fortaleza intelectual y moral. El envejecido profesor Grashov sonreía amargamente y, si la audiencia lo merecía, les contaba siempre la misma historia:

Lo detuvieron en casa, de noche. Invariablemente venían de noche, entre el ladrido de los perros. Lo sacaron a rastras del despacho. Sobre la mesa quedó el libro que estaba leyendo. Antes de que le tapasen la cabeza y lo esposasen, solo tuvo tiempo de arrancar la última página y metérsela en la boca. El libro, huérfano y mutilado, murió poco después pasto de las llamas, junto con el resto volúmenes sediciosos y contrarios a la moral que albergaba en la biblioteca. Durante los días más oscuros que le tocó vivir, el único objeto que existía en su mente era aquella página, que ocultaba en el cuerpo o en los recovecos de la celda como un peligroso objeto de contrabando. Cuando sufría descargas eléctricas sobre la mesa de interrogatorios o la espalda se negaba a seguir cargando peso, dejaba volar la imaginación hacia su tesoro más preciado, la última posesión que le quedaba sobre la faz de la tierra: una simple hoja de papel impreso por las dos caras que, como él mismo, de invierno en invierno se tornaba más amarillenta, arrugada y sucia.

Un día, igual de gris que los demás, llegaron camiones con gente armada, agitando nuevas banderas y pegando tiros al aire. Los guardias huyeron o cambiaron de bando delatando los crímenes de sus superiores o fueron fusilados o todo a la vez. El Régimen había caído. Otra Revolución había triunfado. Ellos, los presos, los subhumanos, los sin nombre, los desaparecidos, los olvidados, eran libres al fin.

La mayoría no sabía qué hacer con esa libertad. Algunos siguieron con el inútil trabajo del campo, únicamente dejaron las herramientas a punta de fusil. Ya no entendían más lenguaje que el de la violencia. Grashov, en mitad del barro y del caos, se sentó sobre una piedra, desplegó aquella página redentora, y comenzó a pasar una mirada miope sobre las últimas palabras vivas de aquel ejemplar prohibido. Había esperado siete años, seis meses, una semana y dos días para culminar una pírrica esperanza, que al cabo fue lo único que mantuvo a flote su cordura: terminar de leer aquel libro.

Texto publicado y comentado originalmente en Prosófagos.

A todas las personas que desde allí enriquecieron y ayudaron a pulir este relato, toda mi gratitud.

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El Forastero llegó del otro lado de las Montañas hasta el Valle. Su aspecto era distinto, la lengua que hablaba sonaba incomprensible y ajena, las frutas que traía en su mochila tenían un olor extraño y su posible sabor nos era desconocido.

La gente, al principio, se divirtió con su exótico aspecto. Pero cuando El Forastero decidió quedarse, comenzaron a mirarlo con malos ojos: ¿Quién era? ¿Qué hacía aquí? ¿Cuál era su oficio? ¿Cuáles sus sueños? Todo en él se nos hacía diferente, oscuro, temible. ¡Se contaban tantas cosas de la gente del otro lado de las Montañas!

Yo decidí -una mañana como la de hoy-, comprobar si eran ciertas esas historias . Con tiento, me acerqué a él. Lo toqué. Para mi sorpresa, su piel era tan cálida como la de cualquiera. Al girarse hacia mí, en sus ojos pude leer que mi aspecto para El Forastero era distinto -incluso raro-, que mi lengua le sonaba incomprensible y ajena, y que los frutos de nuestro Valle tenían para él un olor extraño y un sabor desconocido.

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